Olókun

Olókun…

El Océano Atlántico, conocido por los Yorùbá como Òkun Yemideregbe, se cree que esta habitado por una importante divinidad de África Occidental y de la Diáspora. Esta divinidad, Olókun, es una de las últimas esposas de Òrúnmìlà.

Fue en el regazo y el cálido abrazo de Olókun, que el espíritu de Òrúnmìlà finalmente encontró la paz. Òrúnmìlà fue con Olókun en las profundidades del mar, como médico, para cura al único hijo de ésta, Àjàó, la ostra de mar. Pero tal fue el cuidado, amor y devoción de Olókun para con su esposo, que Òrúnmìlà decidió quedarse en su morada, para no regresar jamás.

Olókun es la dueña del océano y se representa como mitad hombre y mitad pez. Es un Òrìsà temible que en los inicios del mundo disputó el poder con Olorun. Olókun fue encadenada en el fondo del mar por Obàtálá cuanto trató de acabar con el género humano inundando las tierras debido a que se había desatendido su culto. Es hermafrodita y se le considera como una Yemayá vieja o la madre de Yemayá. Su color representativo es el azul, el blanco y el negro. Es un Òrìsà que se recibe muchas veces por salud.

Como se puede observar, este Òrìsà africano, tiene todas las características de Poseidón el dios griego, el cual es hermano de Zeus y gobernaba el Ponto. Sin embargo  vale  la  pena  analizar  algunas  cosas  del  africanismo.  Olókun  entre  sus atributos posee nueve caretas; el simbolismo de la careta es evidente, es un disfraz, pero ¿para qué Olókun necesita usar máscara? La respuesta la da el signo de Ifá Ìwìrì Ogbé: » Nacen las creaciones de Olókun para sembrar la tragedia » y es que cuando Olókun desea castigar, vengarse o por un mandato específico desatar su furia, no deja ver su rostro y usa las máscaras, es por eso que Obàtálá (arquetipo de Zeus en la mitología griega y del planeta Júpiter en astrología), lo encadenó en el fondo del mar, pues este quería cubrir el planeta con agua y Obàtálá le preguntó ¿y dónde vivirán mis hijos entonces? por eso no se lo permitió.

Es interesante señalar en este punto, que el astrólogo español Javier Reinoso, ha planteado una estupenda hipótesis, relacionando los tránsitos de Júpiter, sobre los planetas Marte, Neptuno, Urano y Saturno, con las inundaciones en varios puntos del planeta y el fenómeno meteorológico del Niño, el cual funge de regulador del balance hídrico en la zona tropical del Pacífico, pero que sus tele conexiones son capaces de generar inundaciones y sequías prolongadas en distintos puntos del planeta; claro está entonces el papel de Júpiter (arquetipo de Obàtálá en la religión Yorùbá) y su potestad para encadenar o desencadenar las aguas regidas por Olókun (arquetipo del planeta Neptuno en astrología); resulta curioso también la intervención de los planetas: Marte (la cadena), Urano (las creaciones de Olókun), Neptuno (clara su participación) y Saturno (arquetipo de Òrúnmìlà y fuerza reguladora de la destrucción por medio de las aguas). Un Ejemplo de lo que se expone, está en que en el signo Ocana Sá Bilarí de Ifá; allí se habla del hundimiento de la Atlántida, suceso generado por Ibú Aganá Erí, la hija predilecta de Olókun; sería interesante investigar, cuáles de los planetas que menciona  el  astrólogo español  estarían  transitando  en  el  cielo  cuando  ocurrió  el suceso.

Olókun es la divinidad de las aguas saladas, del océano. En algunas partes de Yorùbá aparece como una divinidad masculina, en otros lugares es una diosa creadora. En Ilé Ifé, Olókun, el agua, es el esposo de Odùduwà, la tierra con quien forma la gran pareja creadora.

Olókun, en nuestros días es uno de los Òrìsàs menores, pero en el pasado fue uno de los dioses más importantes. En Ilé Ifé, la ciudad sagrada de los Yorùbá, y en Benin, todavía se conservan reliquias arqueológicas y literarias que dan fe de la tremenda importancia que en otros tiempos tuvo esta divinidad. A tres kilómetros de Ilé Ifé en un lugar llamado Ebo-Olókun, hubo un centro religioso dedicado a este dios. Durante numerosas excavaciones allí se descubrieron reliquias históricas de gran valor artístico. Entre ellas figura un busto de bronce del propio Olókun que es una de las mejores obras de orfebrería Yorùbá.

El  análisis  etimológica  de  la  palabra  Olókun  revela  que  la  partícula  ol  es  una abreviatura de la palabra oni (dueño de) okun (mar). Olókun, pues, es el dueño del mar, y de las criaturas que lo habitan. Esta divinidad poderosa viste siempre de negro y reside en un inmenso palacio en el fondo del océano.

Esta divinidad es muy popular entre las gentes que viven cerca del mar, sobre todo es muy reverenciado por los pescadores y los remeros de canoas. Lo sorprendente es que su culto sea conocido en lugares lejos de la costa, como por ejemplo, en Ilé Ifé, donde según los mitos es el creador del mundo y de los Òrìsàs principales: Odùduwà y Obàtálá. Los Ilecha, que también viven tierra adentro, le rinden culto muy importante a Olókun, quien consideran habita en una montaña sagrada. Todo esto hace suponer que Olókun es una divinidad muy antigua que en un principio tuvo mucho que ver con la obra creadora.

Olókun es uno de los pocos dioses al que se solía ofrecer sacrificios humanos. Los pescadores  y  gentes  del  mar  temerosas  de  la  horrible  ira  que  desencadena tempestades terribles, le ofrendaban con frecuencia. En nuestros días se celebran grandes banquetes rituales en su honor, en los que intencionalmente se prepara una cantidad excesiva de comida. Una vez terminado el banquete, todo el sobrante se echa al mar entre el alborozo y cantos de los asistentes, que en ese momento se lanzan al agua y nadan en honor del dios.

Cuba

Olókun es considerado el dueño de los océanos, es andrógino y, en ocasiones, se le representa por una figura mitad hombre y mitad pez; pero su imagen, en realidad, es indefinida. Es una deidad terrible y sumamente misteriosa, que encarna al mar en su aspecto extraño y aterrador. Según algunos, Obàtálá lo mantiene atado en el fondo de las profundidades para que no destruya el mundo; de cualquier forma, todas las riquezas del océano son suyas. Siempre se presenta con careta y sólo se le ve sin ella en sueños, donde aparece con la cara redonda surcada de rayas tribales, ojos saltones muy blancos y pestañas afiladas. Es Òrìsà de babaláwos y, según algunos, es la más alta representación divina después de Oddúa.  Forma una trilogía con Sumu Gaga y Akaró y sus colores son el azul marino, el negro y el blanco.

Sus atributos son siete caretas, siete cadenas, majá, sirena, caballito de mar, conchas y todo cuanto viva en el fondo del océano. Le pertenecen una o dos manos de caracoles y muñecas de dos caras. Hay casas de santo que sólo ponen en Olókun los otás, las conchas y la mano de caracoles.

Se le ofrendan maíz molido cocinado con ajo, cebolla y manteca; miniestras de todas clases;  frutas;  bolas  de  dulce  de  coco;  ekó;  melado  de  caña;  bolas  de  ñame salcochado; carne de puerco; plátanos verdes fritos en chicharritas; mazorcas de maíz; dulce de boniato y palanquetas de gofio de trigo y melado de caña; todo debidamente envuelto en un paño azul y colocado dentro de una canasta, se le lleva al mar.

 

Haití

En este país se le llama Agoué, deidad masculina amante de Aida-Wédo, esposa de Damballah.  Agoué es la divinidad del mar considerada, también, protectora de su fauna, su flora, los barcos que lo surcan y los pescadores. Cuando el arcoiris cae sobre el océano, se cree que Agoué está abrazando a su amante y que, para burlar la vigilancia de Damballah, la cita en diferentes lugares. Se le invoca con los nombres de «concha de mar» y «Anguila» y tiene por emblema barcos en miniatura, caracoles, madréporas, y pequeños peces de metal. Esta especie de Neptuno haitiano tiene por insignia el tridente y su color emblemático es el blanco. Se le representa por un mulato claro de ojos verdes, vestido como oficial de Marina de los Estados Unidos, Le gusta el sonido de las salvas de cañón, por eso se dice que cuando un barco de guerra llega a la rada de Puerto Príncipe, las salvas son en honor de este dios. También es invocado por los hombres de mar cuando están en peligro.

Sus fiestas se celebran a la orilla del mar, donde se le ofrecen fiambres y sus pescados preferidos colocados en una barca pintada de azul y blanco y decorada con motivos marinos.

 

Santo Domingo

En Santo Domingo es Agué-Taroyo, deidad del mar y de las islas y, por tanto, patrón de los marineros y pescadores. Tiene las mismas características que el Agoué del vaudou haitiano; pero también se le considera el dios de las tempestades y los rayos – aquí  se  emparenta  con  el  Changó  Yoruba-  y,  como  tal,  violento  y  terrible.

 

Brasil

Padre de lemanjá y otros Òrìsàs de las aguas, desencadenó el diluvio universal para demostrar su poder.Tan grande es su fuerza que sus hijos no entran en trance, ya que sucumbirían ante su potencia. Algunos terreiros de Bahía lo representan como una divinidad  femenina,  Iya  Olókun,  venerada  con  gran  respeto.  En  otras  ocasiones, Olókun aparece como andrógino.

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